Lo que te entra por los ojos (y lo que no)
La caja llega pequeña. Más de lo que esperas. La impresora es compacta, bastante discreta para una mesita o un rincón de escritorio, y el montaje inicial es de esos que haces en diez minutos sin mirar el manual. WiFi, AirPrint, Mopria: todo conecta rápido. Fíjate que hasta el dúplex automático funciona sin dramas, que en este precio no es lo habitual.
La calidad de impresión para documentos del día a día es perfectamente decente. Nada que te deje con la boca abierta, pero tampoco nada que te haga arrepentirte. Las fotos 10x15 cm salen en 39 segundos y el resultado es bastante digno para imprimir recuerdos o algo puntual.
La parte que nadie te cuenta
Aquí viene mi reserva honesta, porque sería un favor hacerte creer que todo es idílico. El coste de los cartuchos es el verdadero precio de esta impresora. Canon tiene su propio ecosistema de tinta y, si imprimes con frecuencia, ese gasto se acumula rápido. Para quien imprime cuatro páginas al mes, perfecto. Para quien necesita volumen, hay opciones más rentables a largo plazo.
El escáner cumple para digitalizar documentos sin pretensiones fotográficas. Nada más.
¿A quién le recomendaría esto?
A quien busca una multifunción para uso ocasional en casa, sin complicaciones y sin gastarse más de lo necesario ahora mismo. Estudiantes, teletrabajadores con poco volumen, familias que imprimen de vez en cuando. Para esos perfiles, a este precio, tiene bastante sentido.