Lo que te encuentras al abrirlo

La primera vez que lo abrí esperaba algo genérico, de esos libros con gatitos rellenos de rulos y corazones que podrían ser de cualquier editorial. Pues mira tú por dónde, me sorprendió. Las ilustraciones de Coco Wyo tienen una personalidad concreta: personajes rechonchitos, ropa acogedora, escenas de interior que transmiten esa atmósfera de tarde de domingo con manta. El papel aguanta bien los lápices de colores y los rotuladores finos sin sangrar al otro lado, que es lo primero que compruebo siempre.

A quién le va a encajar de verdad

Si buscas algo para desconectar después de una jornada larga, este es tu libro. No es un libro de mandala ni de patrones geométricos complejos: las formas son redondeadas, los espacios generosos, y eso hace que colorear sea relajante de verdad, no un ejercicio de precisión milimétrica. Perfectamente válido para adolescentes y adultos que quieren algo bonito sin complicarse la vida.

Mi reserva honesta es que si eres colorista habitual con nivel avanzado, puede quedarte corto de detalle. Las páginas son bonitas pero no especialmente retadoras. Para quien empieza o simplemente quiere un rato tranquilo, eso es una ventaja, no un defecto.

El precio, que también importa

A menos de ocho euros, la ecuación es fácil. No es un libro de culto ni una edición especial, pero cumple con creces lo que promete. Es de esos chollos pequeños que uno no lamenta.