Lo que cambia respecto al UNO de siempre
Las cartas son de plástico rígido, no papel laminado. La diferencia se nota en la mano: pesan un poco más, no se doblan con la humedad y puedes secarlas con la toalla sin drama. El verano pasado cayó una cerveza entera encima del mazo. Limpié, barajé, seguimos jugando. Con el UNO clásico eso habría sido el funeral de la partida.
El formato es compacto, con una cajita con cierre que aguanta bastante bien el traqueteo de la mochila. No ocupa más que un libro de bolsillo.
A quién le merece la pena de verdad
Si tienes niños que juegan en la piscina y luego quieren una partida con las manos mojadas, esto es lo tuyo. También si viajas mucho y buscas algo para las esperas largas o las noches de alojamiento rural. A 12 euros, el precio no duele.
Lo que no es: una edición especial con reglas nuevas ni nada emocionante para el fan de juegos de mesa. Las reglas son exactamente las de siempre. Cero sorpresas en ese sentido, para bien o para mal.
Mi reserva honesta
Las cartas al ser más rígidas barajean distinto, un poco más torpe al principio. Y el cierre de la caja, mira tú por dónde, se afloja con el uso. Perfectamente funcional durante meses, pero no esperes que dure eternamente. Para el precio que tiene, tampoco es una queja mayor.