Lo que notas desde el primer día
El tamaño es lo primero que llama la atención. Pequeño, discreto, sin tapón suelto que perder a la semana. Lo enchufas a un USB 3.0 y los archivos vuelan: hasta 130 MB/s de lectura, lo que en la práctica significa mover una película de dos horas en menos de un minuto. Fíjate, para un pendrive de doce euros eso no es poca cosa.
Yo lo uso para llevar proyectos entre el portátil de casa y el del trabajo. Una vez me salvó la vida con una presentación que necesitaba transferir rápido antes de una reunión. Sin dramas, sin esperas eternas mirando la barra de progreso.
El software de contraseñas: útil pero sin exagerar
Viene con SecureAccess, una aplicación para crear una zona protegida con contraseña dentro del pendrive. Perfectamente válida si guardas documentos que no quieres que cualquiera vea. La verdad es que no es el software más elegante del mundo, pero cumple. Si no la necesitas, la ignoras y listo.
Mi única reserva honesta: la escritura no es tan rápida como la lectura. Para subir archivos grandes puedes notar que tarda más de lo esperado. No es un problema si lo usas para llevar cosas de un sitio a otro, pero si planeas hacer copias de seguridad masivas con frecuencia, quizás mires opciones más específicas.
¿A quién le va bien esto?
A estudiantes, a quien lleva archivos entre equipos, a quien quiere tener una copia de documentos importantes encima sin gastar más de lo necesario. Para uso cotidiano, a este precio, cuesta encontrarle el pero.