Lo que te encuentras cuando lo abres
La primera vez que lo tienes en la mano, el metal sorprende. No parece un pendrive de precio mínimo, eso hay que reconocerlo. Es compacto, frío al tacto, y el capuchón encaja con ese clic satisfactorio que te indica que no se va a perder en el fondo del bolso. Fíjate, eso ya es mucho para lo que cuesta.
La velocidad de lectura llega hasta 150 MB/s, que en la práctica significa que mover una película en HD tarda segundos, no minutos. La escritura es otra historia: no se anuncia en la ficha porque es bastante más modesta. Si tu plan es volcar copias de seguridad pesadas a diario, ahí sí que notarás el límite.
A quién le va bien y a quién no
Para guardar documentos, presentaciones, fotos o llevar una biblioteca de películas de un sitio a otro, hace exactamente lo que tiene que hacer. La protección con contraseña mediante el software SanDisk SecureAccess es útil si guardas cosas que no quieres que cualquiera abra, aunque el software hay que descargarlo aparte.
La reserva honesta: si necesitas escribir archivos grandes de forma frecuente, o trabajas con vídeo en bruto, este no es tu pendrive. Pero para el uso cotidiano de la mayoría de la gente, a menos de 12 euros y con 128 GB, es difícil encontrar pegas reales.
Para mí, este es el típico producto que metes en el carrito sin pensarlo demasiado y terminas usando más de lo que esperabas.