Lo que notas nada más sacarlo de la caja
Pesa más de lo que esperas. Eso primero. La carcasa de metal tiene una solidez que los USBs de plástico baratos no tienen, y se nota en la mano antes de enchufarlo a ningún sitio. No es un detalle menor: si lo llevas en el bolso con llaves y monedas, esto aguanta.
Lo conecté por primera vez para pasar una copia de seguridad de unos 18 GB. Con USB 3.0 y hasta 150 MB/s de lectura, el tiempo fue notablemente menor de lo que estaba acostumbrada con otros modelos más viejillos. La escritura no alcanza esas cifras, perfectamente normal en este rango de precio, pero tampoco desespera.
Para quién tiene sentido y para quién no
Si necesitas un USB para ir tirando, guardar documentos, llevar presentaciones o hacer copias de fotos de vez en cuando, este es un sí claro. El tamaño de 64 GB da margen de sobra para la mayoría de esos usos.
Ahora bien, si lo que buscas es algo para editar vídeo directamente desde el USB o mover archivos enormes a diario, aquí te quedas corto. No por la lectura, sino por la velocidad de escritura, que es el talón de Aquiles habitual en los USBs convencionales.
Mi reserva honesta es que 23 euros sin descuento no es un chollo espectacular. Es un precio justo para lo que ofrece, pero hay que tenerlo claro: aquí pagas por fiabilidad de marca y durabilidad, no por precio rompedor. Mira tú por dónde, a veces eso también vale.