Lo primero que notas al sacarlo de la caja

Es pequeño. Más de lo que esperaba. Cabe perfectamente en la palma de la mano, pesa poco y el acabado negro mate no acumula huellas de forma escandalosa. La primera vez que lo conecté al portátil, Windows lo reconoció sin instalar nada. Plug and play de los de verdad, sin asistentes que te preguntan cosas raras.

La velocidad de transferencia con USB 3.0 es correcta para lo que es: un disco mecánico, no un SSD. Mover 10 GB de fotos tarda su rato. Si vienes de un SSD externo, lo notarás. Si vienes de no tener nada o de un USB lento, te parecerá estupendo.

Para quién tiene sentido, para quién no

Fíjate, este disco me parece perfecto para quien necesita volumen barato. Copias de seguridad del ordenador, archivos de proyectos viejos, películas, fotos de vacaciones de los últimos diez años. Para eso cumple sin quejarse.

Pero si buscas algo para editar vídeo directamente desde el disco, o para llevar encima cada día con cierto trajín, aquí me reservo. Los discos mecánicos no les gustan los golpes, y este no trae ninguna protección de goma ni carcasa rígida. Es frágil de la manera discreta en que son frágiles estas cosas.

La garantía de dos años con el servicio Rescue de Seagate es un punto que no es menor: si el disco falla y los datos importan, al menos tienes una red. Para mí, eso inclina la balanza.