Lo que pasa cuando lo sacas en una cena
La primera vez que lo puse encima de la mesa nadie sabía muy bien qué esperar. Reglas explicadas en dos minutos, primera ronda jugada en cinco. A la tercera, mi cuñado ya había dado un manotazo en la mesa tan fuerte que volcó su copa. Eso te dice bastante.
El juego funciona así: vas diciendo en voz alta "taco", "gato", "cabra", "queso" o "pizza" mientras robas cartas, y cuando la carta coincide con la palabra hay que golpear el mazo. El último paga penitencia. Simple. Brutal. Adictivo de una forma que no anticipas.
A quién le va bien (y a quién no)
Para mí, este juego brilla con grupos de cuatro personas o más, con mezcla de edades. Funciona perfectamente con niños desde los ocho años, pero también con adultos que no se toman demasiado en serio. Lo he visto en mesas familiares navideñas y en sobremesas de amigos treintañeros, y en ambos casos la reacción fue la misma: una segunda partida inmediata.
Dicho esto, si buscas algo con profundidad táctica o partidas largas, esto no es tu juego. Aquí no hay estrategia que valga, solo reacción rápida y un poco de suerte.
El detalle que importa
Sesenta cartas bien plastificadas, cajita compacta que cabe en cualquier bolso. Por once euros es difícil encontrar algo que genere tanta algarabía. Mi única reserva honesta: se puede quedar corto si tu grupo es muy competitivo y quiere más variedad. Pero como juego de inicio de noche o de viaje, hace exactamente lo que promete.