Lo que es y lo que no es
Tomodachi Life no es un juego al uso. No hay misión, no hay jefe final. Metes a tus Miis en una isla, los ves vivir, discutir, enamorarse y cantar cosas absurdas con una cara de palo que tiene su gracia. Es más cercano a ver un programa de telerrealidad protagonizado por tus amigos que a jugar de verdad. Eso es lo que hay.
Lo recuerdo perfectamente en 3DS: le pasé el mando a mi hermana para que viera cómo su Mii le declaraba amor al mío, y nos reímos un buen rato. Ese es exactamente el tipo de momento que ofrece. Pequeño, tonto, pero real.
Para quién tiene sentido comprarlo
Para alguien que busca algo relajado, sin presión, para jugar a ratos cortos o con alguien al lado mirando la pantalla. Niños, familias, gente que jugó a la versión de 3DS y quiere volver. También funciona como regalo si la persona en cuestión no es jugadora habitual.
Lo que no te va a dar: profundidad, reto, horas de contenido con sustancia. Si vienes del juego anterior esperando una evolución grande, perfectamente puedes llevarte un chasco. Las novedades están, pero el núcleo es el mismo de siempre.
A 45 euros sin descuento, la reserva honesta es esa: el precio se siente algo justo para lo que entrega. No es un mal juego, para nada. Pero tampoco es una compra de cabeza fría si no sabes exactamente lo que buscas.