El primer contacto: esa microfibra que o te gusta o no te gusta

La microfibra cepillada tiene fama dividida. Hay quien la adora porque es suave al instante, sin tener que lavarla veinte veces para que ablande. Y hay quien la nota demasiado sintética, un poco como meterse en una bolsa de chucherías. La verdad es que estas sábanas están en el lado bueno del espectro. Al tacto recuerdan más a un polar fino que a una sábana hospitalaria, que era mi miedo.

El gris, fíjate, es un gris medio. No es el gris piedra con personalidad, ni el gris pálido que parece que se ha desteñido antes de estrenarse. Es funcional. Queda bien con casi cualquier funda nórdica y eso tiene su mérito.

Lo que me parece bien y lo que hay que saber

Después de varios lavados a 40 grados, mantienen la forma. La goma de la bajera sujeta bien en un colchón estándar de unos 25 cm, sin ese drama de las esquinas que se escapan a las tres de la mañana. El certificado Oeko-Tex me da cierta tranquilidad para pieles sensibles.

La reserva honesta: no son sábanas de hotel de cinco estrellas. Si buscas ese algodón percal fresco de verano, estas no son tu opción. Tampoco regulan bien el calor, así que en pleno agosto pueden hacerse algo pesadas.

Para una habitación de invitados, para un estudiante que monta su primer piso, o simplemente para tener un juego de recambio sin gastarse un dineral, a 20 euros el lote completo es difícil discutirles el sitio.