Lo que nadie te cuenta en la ficha del producto

Este libro es japonés. Publicado originalmente en 1964 por Sanzo Wada, colorista textil de Tokio. Eso importa porque no está pensado con la lógica occidental de "aquí tienes una paleta bonita". Es más silencioso que eso. Cada página muestra combinaciones de dos, tres o cuatro colores con sus nombres originales en japonés e inglés, y punto. Sin explicaciones. Sin por qué.

La primera vez que lo abrí me desconcertó un poco. No hay texto que te lleve de la mano. Pero al rato entiendes que eso es exactamente lo que lo hace útil: lo hojeas, te para algo, lo copias. Así de simple.

A quién le merece la pena de verdad

Si diseñas, ilustras, pintas, decorás o simplemente tienes el ojo fino para el color, este libro se gana su sitio. Lo he visto abierto encima de mesas de estudio de diseño más veces de las que puedo contar. También le va bien a quien hace cerámica, bordado, o busca paletas para proyectos visuales sin querer depender de una pantalla.

Para quien quiere teoría del color, esto no es su libro. Aquí no hay ruedas cromáticas ni explicaciones de contraste. Es pura referencia visual.

Mi reserva honesta: el papel es fino y la impresión correcta pero no espectacular. Para un libro que vive del color, se echa de menos un poco más de cuerpo en la producción. Aun así, a 21,90 euros, el contenido lo justifica con creces. De los que no se prestan.