Un título que o te lanza o te frena
Lo primero que hay que decir es que el título hace su trabajo: te posiciona antes de abrir la primera página. Si eres de los que pone los ojos en blanco ante cualquier cosa que huela a fe, puede que lo dejes pasar. Pero mira tú por dónde, eso sería un error.
No es un libro de teología ni un sermón encuadernado. Es una historia personal, contada desde dentro, de esas que te cogen desprevenida cuando vas en metro y de repente tienes que disimular que se te ha puesto un nudo en la garganta.
Lo que me quedó después de leerlo
La escritura es directa, sin artificios. No hay metáforas rebuscadas ni frases para enmarcar. Hay momentos concretos, decisiones tomadas en situaciones límite, y una honestidad que se agradece.
Para mí, lo más valioso es que no intenta convencerte de nada. No es ese tipo de libro. Lo que hace es contarte una experiencia y dejarte a ti con tus propias preguntas. Eso, en este género, es bastante raro.
Mi única reserva honesta: hay pasajes donde el ritmo decae un poco, y algún capítulo central se extiende más de lo necesario. No arruina la lectura, pero lo noto.
A quién se lo recomendaría
A alguien que atraviesa una etapa complicada y necesita leer que otros también han estado al borde y han salido. También a quien regala libros y quiere acertar con alguien creyente. Perfectamente puede funcionar como lectura de verano si buscas algo con peso real sin que sea literatura densa.