Lo que te encuentras cuando lo instalas

Mira, la primera vez que vi uno de estos en casa de una amiga pensé que era una de esas compras raras de internet que acaban en el cajón. Pues no. Lo tiene puesto desde hace dos años y lo único que ha tocado es la presión del agua, con una ruedecita lateral que va de suave a bastante contundente.

El Ibergrif se enrosca al inodoro existente sin fontanero, sin taladro, sin nada. Tiene dos boquillas: una frontal para higiene íntima femenina y otra trasera para uso general. El agua sale fría, eso sí. No hay resistencia, no hay enchufe. En invierno eso se nota, y es mejor saberlo antes que después.

A quién le va bien y a quién no tanto

Para una persona que quiere dejar de gastar en papel higiénico o que tiene piel sensible, esto cambia el día a día sin discusión. También funciona muy bien en baños secundarios donde no quieres meterte en instalaciones complicadas.

Pero si vives en una zona fría o simplemente no soportas el agua helada de madrugada, puede ser un poco choque. Los modelos eléctricos calientan el agua, este no. Es su único límite real.

Lo que sí hace bien: la presión es suficiente, el plástico parece sólido sin ser premium, y el montaje en serio se hace en diez minutos con las instrucciones que trae. A 26 euros, la relación con lo que ofrece es bastante razonable. No esperes milagros de diseño, pero tampoco los necesitas para algo que va detrás de la taza.