Lo que me sorprendió abriendo la caja
La Blukar llega compacta, más pequeña de lo que esperaba. La primera noche que la usé fue en un camping sin instalación eléctrica, colgada del techo de la tienda con su gancho. Iluminó todo el espacio sin problemas. Nada de sombras raras, nada de esa luz azulada que cansa los ojos. Para ser honesta: me gustó más de lo que pensaba por el precio.
Tiene 7 modos, que suenan a mucho pero en la práctica usas tres: luz máxima, luz suave para leer y la luz de emergencia parpadeante. Los otros cuatro están ahí, por si acaso.
A quién le va bien y a quién no tanto
Si buscas algo para salir un fin de semana, una acampada ocasional o tenerla en el coche para emergencias, esta lámpara cumple perfectamente. El precio no da para más, y tampoco lo necesita.
Ahora bien, si haces noches largas de travesía o necesitas una herramienta seria para uso intensivo, aquí empieza a quedarse corta. La batería aguanta bastante con luz media, pero en máxima potencia no es para tirar cohetes. Y la construcción es plástico ligero, que no es lo mismo que frágil, pero tampoco inspira confianza bajo la lluvia.
La reserva honesta: no la metería en una mochila de montaña exigente. Para el resto, mira tú por dónde, por 14 euros es difícil encontrar algo mejor.