Lo que pasa cuando abres la caja
Lo primero que notas es el olor. Suave, casi dulce, nada agresivo. Mi sobrina metió la mano antes de que yo pudiera decir nada y ya estaba mezclando el azul con el verde encima del molde de estrella. Eso te dice bastante sobre lo intuitivo que es el juego: no hace falta instrucciones para empezar.
El set trae 10 colores en pequeños botes y 8 moldes distintos. La textura del gel es lo que más sorprende: firme pero suave, se despega limpio de los moldes sin dejarse trozos por ahí. Fíjate que eso no es un detalle menor, porque con otros juguetes similares acabas arrancando el molde a manotazos y la figura se rompe a la mitad.
A quién le merece la pena (y a quién no)
Para niños de 4 a 7 años, perfectamente. La concentración que requiere mezclar colores y rellenar los moldes con cuidado es justo la que tienen a esas edades. Con tres años puede ser un poco frustrante si el peque es muy impaciente, ojo.
La reserva honesta que tengo: los botes son pequeños. Si tu hijo es de los que usa el triple de lo necesario, en dos tardes habrá agotado la mitad del set. No es un problema de calidad, es simplemente que esto no es un juguete de uso diario intensivo durante meses.
Dicho esto, a 16,99 euros es un regalo que da mucho más juego del que parece. Una tarde entera sin mirar el móvil, con las manos ocupadas y la mente creando cosas. Para mí eso ya lo justifica.