Lo que engancha nada más sacarlo de la caja
Tiene presencia. No es uno de esos muñecos pequeñitos que se pierden entre los juguetes: 36 centímetros dan para mucho, y la figura está bien terminada, con los colores del traje espacial bien definidos y el visor que sube y baja. Mi sobrina lo abrió en Navidad y lo primero que hizo fue apretarle el pecho para escuchar la voz. Ahí empieza el bucle, porque hay más de 15 frases grabadas y los niños no paran hasta escucharlas todas.
La reserva honesta: el inglés
Las frases son en inglés. Solo en inglés. Para muchos peques de tres años eso no importa nada, la entonación ya les parece suficientemente mágica, pero si buscas que tu hijo entienda lo que dice Buzz, aquí no lo va a encontrar. Para mí es el único punto flojo del producto, y merece decirlo claro antes de comprar.
A quién le va bien y a quién no
Le va perfecto a los fans de Toy Story con tres años en adelante que ya conocen al personaje por las pelis. También es un regalo que funciona sin necesitar pilas de reemplazo inmediato ni montar nada. Sin embargo, si el niño es muy pequeño y todavía no conecta con Buzz, el precio de casi 37 euros se puede hacer largo. Y si en casa solo se acepta el castellano, mejor buscar otra opción.
En general, para un regalo concreto y sin complicaciones, cumple bien lo que promete.