Ese color que lo cambia todo

Mira, lo primero que hay que decir es que el Starlight Blue no es un azul cualquiera. Es un tono nacarado, casi plateado según la luz, que en mano queda bastante más elegante que en foto. Fíjate que cuando lo saqué de la caja delante de mi hermano, lo primero que hizo fue cogerlo sin permiso. Eso ya dice algo.

El plástico tiene un acabado mate suave que, para bien y para mal, coge huellas con facilidad. En una sesión larga notarás la diferencia respecto a uno nuevo. Pequeño pero real.

Lo que importa: la experiencia de juego

Perfectamente igual que cualquier DualSense estándar. Y eso, dependiendo de cómo lo mires, es una buena noticia. Los gatillos adaptativos siguen siendo lo mejor que le ha pasado a un mando en años, el feedback háptico sigue sorprendiendo y la batería aguanta lo que aguanta, que tampoco es una maravilla pero ya nos conocemos.

No hay mejora técnica respecto al modelo negro o blanco. Es el mismo hardware con otra piel. Si buscas una función nueva, no la hay.

¿A quién le recomiendo esto?

A quien ya tiene un mando y quiere uno de repuesto con algo de personalidad. O a quien regala a alguien que juega a PS5 y quiere acertar sin complicarse. A 55 euros está en precio de mercado, sin descuento especial, así que no es un chollo de los que me ponen nerviosa de emoción. Es una compra sensata si el color te convence. Si te da igual el azul, el blanco estándar hace exactamente lo mismo.