Lo que pasa cuando metes una baraja normal en la playa
El año pasado mi cuñado sacó una baraja de papel en la playa a las doce del mediodía. Para cuando terminamos la primera partida de tute, las cartas parecían trapos mojados. Esa misma tarde compré esta de Fournier. No por capricho, por desesperación.
Y mira tú por dónde, desde entonces no he vuelto a otra.
Por qué funciona bien a este precio
El plástico es el detalle que lo cambia todo. Las cartas no se doblan, no se pegan entre sí con la humedad, no cogen ese olor raro a mojado. Puedes limpiarlas con una servilleta si alguien pone la mano pringada encima. Y el mazo aguanta apilado en el fondo de la bolsa sin quejarse.
Para las partidas de verano, esto vale mucho más de lo que cuesta.
El tacto es algo más resbaladizo que una baraja de papel buena, eso sí. Al principio baraja diferente y puede despistar un poco. Nada que no se corrija con dos rondas de práctica, pero lo digo porque hay quien le da importancia a eso.
A quién le recomiendo esta baraja
Si juegas en casa con la familia, con una baraja de cartón clásica tienes de sobra. Esta tiene sentido si eres de los que llevan cartas a la piscina, al camping o a cualquier sitio donde el agua o la arena sean protagonistas. A menos de cinco euros, el argumento es bastante sencillo.