Lo que notas nada más sacarlo de la caja

Es ligero. Sorprendentemente ligero. La primera vez que lo coges piensas que le falta algo, pero no: así es como tiene que ser. Pesa unos 90 gramos y eso se nota en las partidas largas, cuando la muñeca agradece no cargar con un ladrillo.

El sensor llega a 8.000 DPI, que para la mayoría es más que suficiente. La mayoría de jugadores casuales o semiprofesionales se quedan entre 800 y 1.600 DPI en el día a día. Que el techo sea alto está bien, pero no te compras este ratón por el techo.

Para quién tiene sentido de verdad

Perfectamente válido si estás empezando en el gaming y no quieres gastarte cincuenta euros en algo que igual no vas a usar. También para el que tiene un setup secundario o viaja y necesita un ratón fiable sin miedo a perderlo.

Los seis botones programables son útiles, el RGB hace su función decorativa sin obsesionarse, y la conexión por cable es estable. Sin sorpresas.

Mi reserva honesta: el clic derecho tiene un tacto algo más blando que el izquierdo. No es un defecto grave, pero quien venga de ratones premium lo va a notar. Y el software de Logitech (G HUB) puede resultar pesado para un ratón tan sencillo.

El precio lo cambia todo

A casi veinte euros, la conversación es distinta. No estás eligiendo entre este y un ratón caro. Estás eligiendo entre este y no tener nada decente. Fíjate bien en eso. Para ese tramo de precio, el G203 hace exactamente lo que promete.