Por qué esta pelota funciona desde el primer día

La gracia de la Oball no es ningún secreto: esa estructura de rejilla deja huecos perfectos para los dedos de un bebé que todavía no sabe cerrar la mano del todo. Mi sobrina la tenía agarrada a las tres semanas. No la sostenía, exactamente, pero los dedos se le cerraban solos alrededor de los aros. Fíjate qué cosa tan simple y tan bien pensada.

El plástico es ligero, rebota sin hacer ruido excesivo y se lava bajo el grifo. Sin botones, sin pilas, sin canciones que te persigan por la casa. Para mí eso ya es un punto a favor que no tiene precio.

A quién le encaja y a quién no

Si buscas algo para un recién nacido o para regalar en un baby shower sin complicarte, esta pelota es una apuesta segura. Los colores primarios llaman la atención a bebés de pocas semanas y sigue siendo útil varios meses después cuando empiezan a rodarla por el suelo.

Ahora bien, si tu hijo ya tiene más de un año y quiere algo que le entretenga más de cinco minutos seguidos, aquí se te va a quedar corta. Es un juguete de primeras semanas, no de largo recorrido.

La reserva honesta: a 8,40€ no hay mucho riesgo. Pero he visto packs de dos o tres Oballs por precio similar, así que antes de comprar esta unidad suelta te diría que miras si hay una oferta de pack. Pierdes menos si una acaba debajo del sofá para siempre, que ya sabes cómo acaban estas cosas.