Lo que me llamó la atención desde el primer día

La primera vez que la vi pensé: otra botella de acero más. Pues mira tú por dónde, llevo usándola a diario desde que llegó y la otra, la de marca cara, se ha quedado en el armario. El motivo es bastante mundano: la tapa con pajita. Suena ridículo decirlo así, pero cuando conduces o pedaleas, no quieres abrir nada con los dientes ni perder el tapón en el arcén.

La construcción es sólida. Nada de ese sonido hueco de plástico barato disfrazado de metal. El acero nota real, el doble fondo mantiene el agua fría una hora larga en verano sin sudar por fuera, y la funda de neopreno que viene incluida protege bien si la dejas caer sobre el suelo del gimnasio, que es lo que pasa siempre.

A quién le funciona y a quién no

Si llevas una botella de un litro en la mochila todo el día, esta es buena opción. Si buscas algo ultraligero para trail o maratón, aquí no es. El acero pesa lo que pesa, y con el litro lleno ya son dos kilos que cargar. Para oficina, gym, bici urbana o coche, perfectamente.

Mi única reserva honesta: la pajita hay que limpiarla con mimo. Si no tienes un cepillito específico, acaba siendo un misterio lo que habita dentro. Con eso sobre la mesa, a 14 euros con tapa de asa, tapa de pajita y funda, la relación precio-uso cotidiano es difícil de rebatir.