La primera vez que lo usé me sorprendió
Fui a recoger el coche después de dos horas en un parking descubierto en agosto. El volante estaba intacto. Templado, casi fresco. Eso no me había pasado en la vida con un parasol de los de acordeón de toda la vida.
Este funciona como un paraguas: lo abres con un clic, lo colocas detrás del retrovisor interior y listo. El hueco para el espejo está bien pensado, no tienes que doblar nada raro ni forzar nada. En un sedán normal entra perfecto con sus 145x80 cm. En un SUV grande cubre bien el parabrisas, aunque en las esquinas queda algo justo.
Lo que de verdad importa
El material bloquea el UV con bastante eficacia. No es magia, pero la diferencia de temperatura interior es notable. El salpicadero no se resiente tanto, que para los que tenemos coches con años encima no es un detalle menor.
Plegarlo tarda unos segundos más que abrirlo, y hay que pillarle el truco la primera vez. Viene con funda, que agradezco porque así no acaba rodando suelto por el maletero.
Mi única reserva honesta: si tienes una furgoneta grande o un monovolumen con parabrisas muy panorámico, mide antes. El XXL tiene sus límites.
Para quién le recomiendo esto sin pensármelo dos veces: cualquiera que aparque habitualmente al sol y esté harta de entrar a un coche a 50 grados. A 14,90 euros, la relación con lo que resuelve es muy razonable.