Lo que pasa cuando abres la caja
Llegan bien protegidos, eso primero. Los nueve recipientes vienen apilados con sus tapas y la primera impresión es buena: el vidrio tiene peso, no suena a barato cuando lo apoyas en la encimera. Las tapas son transparentes, lo cual agradezco porque en la nevera puedo ver qué hay dentro sin abrir nada, algo que parece una tontería hasta que lo tienes.
La primera prueba real fue sopa de lentejas del domingo. Cerré, agité un poco para ver si aguantaba, y no salió nada. Bien. Al microondas sin la tapa, dos minutos, y el vidrio no se puso imposible de coger ni manchó nada. Eso me ganó.
Lo que no es perfecto
Las tapas. Funcionan, pero requieren que las cierres con cuidado, los cuatro pestillos bien enganchados. Si tienes prisa o alguien en casa que no repara en esos detalles, puede quedar mal cerrado. No es un defecto grave, pero es un aviso honesto.
El tamaño del pack es generoso: vienen varios tamaños distintos, útil para el día a día. Para mí, el mediano es el que más uso. El pequeño va perfecto para fruta cortada o queso.
A quien le merece la pena: familias que preparan comida para varios días, personas que quieren dejar el plástico atrás sin gastarse una fortuna. A quien quizás no: si cocinas poco o tienes una cocina diminuta sin espacio para almacenar, nueve recipientes de vidrio ocupan lo suyo.