Lo que te encuentras al abrirla
La primera vez que la tuve en la mano me sorprendió el peso. No es ligera como una de plástico, claro, pero tampoco es el ladrillo que me temía. El acabado mate no deja huellas y la boca es ancha, lo justo para meter hielo sin hacer malabarismos. Sin olor a metal, sin sabor extraño. Eso, para mí, es ya la mitad de la batalla ganada.
La tapa cierra con un clic seco y convincente. La puse boca abajo en el bolso un martes por la mañana, entre el portátil y el cargador, y llegué a la oficina sin una gota de humedad. Antifugas de verdad, no de folleto.
Cuánto dura el frío (y cuánto el calor)
Con agua fría y hielo aguanta bien por encima de seis horas en verano. Con infusiones calientes, las primeras tres horas son cómodas, luego va perdiendo temperatura de forma gradual. No es una termo de alta gama, eso hay que dejarlo claro. Pero a 12 euros tampoco le puedes pedir que compita con una Hydro Flask.
Mi reserva honesta: la versión de 1,2 litros es bastante voluminosa para meterla en cualquier portabidones de bicicleta. Si vas a usarla en ciclismo, quédate con la de 500 ml o 750 ml sin dudarlo.
Para quién tiene sentido
Para alguien que quiere dejar de comprar botellas de plástico, llevar agua al gimnasio o a la oficina sin gastarse más de 15 euros. Mira tú por dónde, cumple con todo eso. Si buscas prestaciones de gama alta, aquí no es.