Lo que me enganchó desde el primer uso
La primera vez que lo usé fue para rociar la bandeja de la freidora de aire. Nada de chorretones, nada de aceite acumulado en una esquina. Un golpe de spray fino, uniforme, y listo. Eso no es fácil de conseguir con un pulverizador barato.
El depósito de 470ml es generoso. No tienes que rellenarlo cada dos días, que es el drama con los modelos pequeñitos. Y el diseño 2 en 1 (admite aceite y también vinagre o líquidos similares) es práctico sin ser complicado.
Lo que conviene saber antes de comprarlo
No es de cristal, eso primero. Si eres de los que prefieren materiales nobles en la cocina, este no es tu pulverizador. El plástico es sólido, no da sensación barata, pero es plástico.
Otra cosa: hay que bombear varias veces antes del primer uso para que coja presión. No es defecto, es el mecanismo. Pero si no lo sabes, el primer día piensas que está roto.
Para las ensaladas funciona de maravilla. El chorro es tan fino que puedes aliñar sin pasarte, que para mí es el gran problema del aceite de botella normal.
A quién se lo recomendaría
A quien tenga freidora de aire, claramente. También a quien cocine bastante y quiera controlar mejor las cantidades de aceite. Por menos de diez euros, la relación precio-resultado es difícil de rebatir. Si buscas algo de cristal o con más prestaciones, mira otros. Pero para uso diario sin complicaciones, este cumple.